Irán, el petróleo y el imperio: del golpe de 1953 al ocaso de la hegemonía estadounidense

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Cuando Irán intentó ser dueño de su destino

Para comprender el actual enfrentamiento entre Irán, Estados Unidos e Israel, es necesario retroceder más de siete décadas. Mucho antes de las sanciones, las amenazas militares o las tensiones nucleares, hubo un momento en que Irán intentó ejercer un derecho elemental: controlar su propio petróleo.

Ese intento estuvo liderado por Mohammad Mosaddegh, un político nacionalista que llegó al poder en 1951 mediante un proceso parlamentario legítimo.

Mosaddegh no era un revolucionario radical ni un líder religioso. Era un aristócrata educado en Europa, profundamente comprometido con el constitucionalismo y la soberanía nacional. Su propuesta era simple: nacionalizar la industria petrolera iraní.

Hasta ese momento, el petróleo del país estaba prácticamente monopolizado por la empresa británica Anglo-Iranian Oil Company.

El desequilibrio era grotesco.

Mientras el petróleo iraní alimentaba la economía británica, el pueblo iraní recibía apenas una fracción de los beneficios. Las condiciones laborales en las refinerías eran miserables, y las ganancias se transferían en gran parte a Londres.

Mosaddegh decidió poner fin a esa situación.

En 1951, el Parlamento iraní aprobó la nacionalización del petróleo y creó la National Iranian Oil Company.

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Aquella decisión fue celebrada por millones de iraníes. Por primera vez, el país reclamaba control sobre su riqueza natural.

Pero en las capitales del poder occidental, esa decisión fue vista como una amenaza intolerable.


Cuando el petróleo valía más que la democracia

El Reino Unido reaccionó con furia.

El gobierno británico organizó un embargo petrolero internacional, bloqueó las exportaciones iraníes y comenzó una campaña diplomática para aislar al gobierno de Mosaddegh.

Pero el problema para Londres era mayor que la pérdida de un contrato petrolero. Lo que estaba en juego era un precedente peligroso.

Si Irán lograba nacionalizar su petróleo con éxito, otros países del llamado “Tercer Mundo” podrían intentar lo mismo.

En plena Guerra Fría, las potencias occidentales temían perder el control sobre recursos estratégicos.

mosaddegh

Fue entonces cuando entró en escena Washington.

El gobierno estadounidense, inicialmente ambiguo frente al conflicto, terminó alineándose con el Reino Unido. Bajo la lógica de la contención del comunismo —argumento utilizado con frecuencia para justificar intervenciones geopolíticas— se comenzó a diseñar una operación para derrocar al primer ministro iraní.


Operación Ajax: el golpe contra Mosaddegh

En 1953 se ejecutó uno de los golpes de Estado más famosos del siglo XX.

La operación fue organizada conjuntamente por la Central Intelligence Agency y el servicio secreto británico MI6.

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El plan recibió el nombre de 1953 Iranian coup d’état, también conocido como Operación Ajax.

Las tácticas utilizadas incluyeron:

  • financiación de protestas callejeras
  • manipulación mediática
  • sobornos a militares y políticos
  • infiltración de grupos violentos para provocar caos

La estrategia buscaba crear la percepción de que el país estaba al borde del colapso.

Finalmente, el 19 de agosto de 1953, sectores del ejército iraní se levantaron contra el gobierno.

Mosaddegh fue arrestado.

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Su experiencia democrática terminó abruptamente.

Irán volvió a caer bajo un régimen autoritario aliado de Occidente.


El regreso del Shah y el régimen apoyado por Washington

Tras el golpe, el poder quedó firmemente en manos del monarca Mohammad Reza Pahlavi.

El Shah gobernó Irán durante más de dos décadas con el apoyo directo de Estados Unidos.

Durante ese período se impulsaron políticas de modernización económica, pero también se consolidó un régimen profundamente represivo.

young shah

La policía secreta SAVAK persiguió a opositores, encarceló disidentes y mantuvo una vigilancia permanente sobre la sociedad.

Para muchos iraníes, el Shah no era simplemente un gobernante autoritario.

Era el símbolo de un poder impuesto desde el exterior.

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El recuerdo del golpe de 1953 se convirtió en una herida abierta en la memoria colectiva del país.


La revolución que cambió Medio Oriente

Ese resentimiento acumulado durante décadas terminó estallando en 1979 con la Iranian Revolution.

El Shah fue derrocado.

En su lugar emergió un nuevo sistema político liderado por Ruhollah Khomeini.

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La revolución transformó radicalmente la geopolítica regional.

Estados Unidos perdió uno de sus aliados más importantes en Medio Oriente, mientras Irán se convirtió en uno de los principales críticos del orden internacional dominado por Washington.

Desde entonces, la relación entre ambos países ha estado marcada por sanciones, confrontaciones diplomáticas y crisis recurrentes.


La guerra actual y el eco del pasado

Hoy, en medio de la escalada militar que involucra a Irán, Israel y Estados Unidos, ese pasado vuelve a cobrar relevancia.

Las tensiones actuales no pueden comprenderse únicamente como un conflicto contemporáneo.

Para muchos analistas y sectores políticos del Sur Global, el enfrentamiento refleja una continuidad histórica.

Desde esta perspectiva, la política exterior estadounidense en Medio Oriente ha estado marcada por intervenciones, golpes de Estado y guerras destinadas a mantener el control sobre regiones estratégicas.

En ese contexto, las acciones militares recientes —incluyendo ataques selectivos, asesinatos de líderes políticos o bombardeos contra infraestructura civil— son interpretadas por muchos como expresiones de una lógica imperial que se resiste a desaparecer.

Pero también revelan algo más profundo.

La posibilidad de que el mundo esté entrando en una fase histórica distinta.


El posible fin del orden unipolar

Tras el final de la Guerra Fría, Estados Unidos emergió como la única superpotencia global.

Durante tres décadas, ese poder permitió a Washington intervenir militarmente en distintos escenarios del planeta: Irak, Afganistán, Libia o Siria.

Sin embargo, el contexto internacional ha cambiado.

El ascenso de nuevas potencias, la reorganización de alianzas globales y el desgaste de décadas de intervenciones militares han erosionado la capacidad de Estados Unidos para imponer unilateralmente su voluntad.

En este nuevo escenario, muchos observadores hablan de la transición hacia un mundo multipolar.

Un mundo en el que el poder global ya no se concentra en una sola capital.

El conflicto con Irán podría convertirse en uno de los episodios que definan ese cambio histórico.


Reflexión final: la historia que se repite

La historia del golpe contra Mosaddegh nos recuerda una verdad incómoda.

Las grandes potencias suelen invocar la democracia cuando conviene a sus intereses, pero no dudan en abandonarla cuando amenaza sus privilegios.

Irán intentó ejercer su soberanía sobre sus recursos naturales en 1951.

Dos años después, esa soberanía fue aplastada por una operación clandestina diseñada en Washington y Londres.

Hoy, más de setenta años después, el conflicto entre Irán y Occidente continúa desarrollándose bajo nuevas formas.

Pero la pregunta fundamental sigue siendo la misma:

¿quién tiene derecho a decidir el destino de una nación?

Si algo enseña la historia es que los imperios parecen invencibles… hasta que dejan de serlo.

Y cuando ese momento llega, el mundo entero cambia con ellos.

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